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Liderazgo democrático: oír, saber, amar, temer (Incubadora de Liderazgo +Costa Rica)

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No me atrevo a decir, como opinan tantos especialistas, que sea el discurso más famoso o influyente de la historia, pero no tengo dudas de que la milenaria Oración fúnebre de Pericles aún actúa como fuente de inspiración democrática; también retórica, por su impecable construcción formal.

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El domingo 16 participé en el Taller de Cierre del programa “Construyendo democracia desde nuestro liderazgo”. Fue un evento de formación para candidatos a puestos en las elecciones municipales de febrero entrante, organizado por la Incubadora de Liderazgos Políticos +Costa Rica, con muy buena calidad y cobertura temática. Participaron 75 candidatos y candidatas de 28 partidos políticos que participan en 52 cantones del país.

La incubadora es una organización patrocinada por la plataforma filantrópica VélezReyes+ creada por David Vélez y su esposa Mariel Reyes. Don David es un ciudadano colombiano que vivió en su juventud en Costa Rica y ha sido muy exitoso con el establecimiento de Nubank inicialmente en Brasil, considerado el banco digital más grande fuera de Asia.

En el acto participaron también el expresidente Luis Guillermo Solís, la exdiputada, exministra y exdefensora de los Habitantes Sandra Piszk y la exalcaldesa de Curridabat Alicia Borja.

La primera pregunta que nos planteó la moderadora del evento Verónica Fernández fue: ¿Qué características considera fundamentales para un liderazgo democrático y por qué?

Respondí con los 4 verbos que dan título a este artículo.

 

Oír

Para poder liderar democráticamente es preciso escuchar antes y durante el ejercicio de la posición los problemas, las ilusiones, los temores y las demandas de los habitantes. Solo así se puede tener conocimiento de para qué se les va a servir.

Puse el ejemplo de Lorena. Cuando inicié mi participación en política proponiendo mi nombre para un puesto electivo Lorena no tenía experiencia en este campo. Su vida había sido con excelencia dedicada a la familia, a acciones de apoyo social y al deporte. Lo que valientemente hizo fue dedicarse a recorrer el país para reunirse con mujeres en los tugurios, en barrios de nuestras ciudades, en grupos de profesionales, y en pequeñas comunidades para poder de verdad entender y poder responder a sus necesidades. Como perdí en la convención de 1988 y en las elecciones de 1994, Lorena tuvo mucho tiempo para realizar con dedicación esta tarea. Fue una extraordinaria primera dama.

Saber

Para poder servir hay que saber cómo hacerlo.

Mi abuelita materna, Lupita Velázquez Castro era nieta de José María Castro Madriz. Era viuda y vivía en la casa de mis padres cuando nací. Me tuvo especial dedicación y desde muy niño me metió en la cabeza que debería ser presidente.

Mi respuesta fue prepararme, con dedicación al estudio y a las actividades extracurriculares. Estudié derecho para conocer el lenguaje con el que se expresa el estado y economía para tratar de entender cómo se genera producción para que las familias puedan tener mayores ingresos y luchar contra la pobreza. Busqué una beca para mejorar mi formación con un doctorado. Desde jovencito asistía a las barras de la Asamblea Legislativa y a los 17 años hice mi primer discurso de Plaza Pública. Tuve el honor de participar en el gobierno de don José Joaquín. Luego me dediqué a ser empresario, pero en cada campaña trabajaba en programa de gobierno y en proselitismo. Igual que como le ocurrió a Lorena, a mí también después de iniciar mi carrera electoral haber tardado 11 años para llegar a la presidencia me dio tiempo de aprender más y poder llegar con un mejor equipo.

Amar

En una democracia el poder es para servir. Para servir a los demás es preciso amarlos. Si solo nos amamos a nosotros mismos vamos a usar el poder para nuestro personal beneficio.

Tuve la bendición de Dios de nacer en una familia con profundas creencias católicas. Por supuesto que soy un hombre con todos los defectos propios de mi naturaleza. Pero desde niño, sobre todo mi mamá, me enseñó el deber y la felicidad de amar a los demás. No pretendo ni mucho menos que solo los católicos, y ni siquiera que solo los creyentes, seamos capaces de amar a los hermanos. Pero sin duda quienes tenemos el mandato de Jesús del nuevo mandamiento: “Amar a los demás como Yo os he amado” tenemos muy clara nuestra obligación.

Para ser buen líder político amar al prójimo es necesario.

El servicio público desde una posición electoral demanda pasión para su pleno ejercicio. El amor al prójimo genera pasión por servir con excelencia.

Temer

“Todo poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente” nos sentenció con sabiduría el pensador católico inglés Lord John Edward Acton.

Siempre he sentido temor por el ejercicio del poder. El Estado se justifica para evitar que personas poderosas roben la libertad y los bienes a otras. Pero es preciso limitarlo para que no sea el Estado quien abuse.

Hace unos años encontré que el problema es aún mayor. El poder enferma. Su ejercicio continuado nos hace perder la capacidad de la empatía.

Cuando tuve una de mis reuniones con el futuro gabinete y presidentes de autónomas les solicité leer “Memorias Hitler y el Tercer Reich visto desde dentro”, el libro escrito por Albert Speer condenado a prisión por los Tribunales de Nuremberg, quien se sorprende de cómo el ejercicio del poder lo llevó de ser arquitecto de Hitler a llegar a ser ministro de Armamento explotando trabajo esclavizado.

Para ser buen líder político: oír, saber, amar, temer.

Publicado en https://delfino.cr/2023/10/liderazgo-democratico-oir-saber-amar-temer