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Álvaro Cedeño Molinari: Democracia y desesperanza

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Es obligatorio que cualquier esfuerzo de rescate o robustecimiento de la democracia sea capaz de promover el florecimiento de múltiples diferentes semillas en el mismo jardín.

La democracia es una ficción. Se trata de una invención que ha calificado y enriquecido a la civilización de múltiples formas que van más allá de la aspiración de justicia y la periódica alternabilidad del poder político formal. Implica, también, un ejercicio ideológico, intelectual y cognitivo. Muchos países nunca han tenido siquiera una versión de ella. Para los que sí la hemos llevado a un grado de esplendor reconocido a nivel global, vale la pena tomarse en serio las nuevas amenazas que atentan contra su existencia y eficacia. Algunas de ellas, tales como tendencias autocráticas, el corporativismo y la transformación digital, convergen en este tiempo con la desidia de una ciudadanía indiferente ante tal conflicto.

El pasado 23 de mayo de 2023, se lanzó la incubadora de liderazgos públicos Más Costa Rica. Durante el evento, el señor Max Esquivel, vicepresidente del Tribunal Supremo de Elecciones, dijo que la democracia era “la pócima de la eterna juventud de las naciones.” Después de escuchar esa frase es difícil apreciar nuestro régimen político de otra manera. Quiere decir que el actual conflicto en el que se encuentra la democracia debe diagnosticarse y abordarse con responsabilidad y urgencia para quienes aspiramos al florecimiento de la nación.

Postulamos que la desesperanza es la mayor amenaza que atenta contra el sistema, la institucionalidad, la filosofía y la ideología democráticas. Ante la desesperanza no hay nación, ni juventud, ni visión sostenible permanente dentro de la democracia. De ahí que sean incompatibles. Cuando una masa crítica de personas en condición de desesperanza elige por la vía democrática a una persona que desdeña este paradigma político-electoral, se entra en una dinámica de acelerada degradación de sus principios, valores, mecanismos, métodos y resultados. O sea, su sostenibilidad se degrada en una tendencia hacia el colapso.

¿Es preciso y justo este diagnóstico? ¿Es esta incompatibilidad real o apenas aparente? Es poco probable que el fenómeno electoral Trump hubiera sucedido sin una masa crítica de votantes que nunca alcanzaron el “sueño americano”, que el libre comercio se llevó sus empleos para México, China o Costa Rica, que no tienen acceso a alimentos saludables a precios accesibles, que padecen de enfermedades crónicas por alimentación insalubre, que son fieles a movimientos religiosos extremistas, que son defensores a ultranza de la tenencia privada de armas de grueso calibre. También hubiera sido poco probable que se hubiera materializado sin Google, Facebook, Twitter, y otras plataformas de redes sociales que permitieron la creación de mensajes para cientos de grupos nicho de votantes. ¿Podría analizarse el caso costarricense actual de manera similar? ¿Ha habido un efecto de “la costa versus la rica” en la elección del 2022?

Dirimir este conflicto, entonces, debe tener como propósito edificar la paz y que una de sus consecuencias sea el robustecimiento de la democracia. La paz es entendida como la capacidad de transformar conflictos de manera empática, creativa y armoniosa. En cuanto a empatía, una democracia debe ser capaz de escuchar las voces de las personas en condición de desesperanza. Ellas deben sentirse incluidas e invitadas a contar sus historias y ser explicadas y entendidas entre las personas privilegiadas, que poseen alta familiaridad con los atributos de la democracia.

Cuando la cultura democrática ha dejado de ser el conjunto de reglas de juego del poder político, tienden a aumentar los niveles de violencia directa, indirecta y estructural en una nación. Mientras tanto, cuando una nación es capaz de explicar el abstencionismo electoral desde la exclusión se inicia de manera saludable la reconstrucción de la paz. Es el equivalente en conflictos bélicos a establecer una Comisión de la Verdad como punto de partida para terminar la guerra.

La creatividad es una invitación a realizar un ejercicio de innovación ciudadana. Quizás suene muy dramático decir que restaurar la democracia como la conocíamos es volver al pasado. Lo cierto es que ese pasado ya no le funciona a una masa crítica de la ciudadanía. ¿Cuál es la visión de máxima ambición que imaginamos de la democracia costarricense para el año 2038? Una vez configurada esa narrativa, debe recordarse, desde aquel futuro posible, cómo se llega a él y así entender de cuáles recursos y en cuáles episodios históricos de la vida de la nación costarricense se podría aspirar a tener cuáles efectos e influencia en la edificación de esa paz futura.

Por último, la armonía es una condición que exige operar hacia la inclusión verdadera de toda la nación costarricense, desde las personas en condición migratoria irregular o quienes son menores de edad, hasta las personas que hoy están en condición de desesperanza o quienes disfrutan del privilegio de comprender los atributos de la democracia. Es obligatorio que cualquier esfuerzo de rescate o robustecimiento de la democracia sea capaz de promover el florecimiento de múltiples diferentes semillas en el mismo jardín. Sólo eso nos permitirá alcanzar una visión compartida para recorrer, aún a diferentes velocidades y en diferentes manifestaciones, un camino conjunto para la nación costarricense.

Publicado en La Revista: https://www.larevista.cr/alvaro-cedeno-molinari-democracia-y-desesperanza/